Malasaña, un barrio emblemático de Madrid, ha sido, a lo largo de las décadas, un crisol de culturas, arte y música. En su interior se encuentran historias que trascienden el tiempo y envuelven a los que han tenido la fortuna de ser parte de su vibrante vida. Uno de esos relatos es el del autor que, tras una larga ausencia, regresó a su tierra natal, encontrándose con un escenario musical que pronto se convertiría en su hogar.
El regreso a Madrid y la desconexión cultural
Después de pasar diez años en el extranjero, específicamente en Viena y Cuba, el autor se dio cuenta de que su conexión con España se había debilitado. A pesar de tener lazos familiares y la belleza del paisaje gallego, la música española se había vuelto ajena para él. Su única conexión con el mundo musical radicaba en su primer trabajo como director de Deutsche Grammophon en la discográfica Universal, que le permitió mantener un contacto limitado con la música clásica, un ámbito que le resultaba algo elitista y distante.
Con una creciente inclinación hacia el flamenco, se dispuso a sumergirse en este género musical desde la perspectiva de la musicología, un campo que apenas comenzaba a desarrollarse en ese momento. En su búsqueda por reconectarse con sus raíces musicales, asistía frecuentemente a conciertos en locales como Casa Patas y Johnny, donde se dejaba llevar por el arte del flamenco, disfrutando de actuaciones memorables.
El descubrimiento de la escena flamenca en Malasaña
En estos ambientes, el autor notó la presencia de figuras representativas como el bachiller Gamboa y el hidalgo Juan Verdú, quienes, a pesar de su carácter inaccesible, parecían ser los líderes de un movimiento que capturaba su atención. La suerte quiso que conociera a Morente, un maestro del flamenco, lo que le abrió las puertas a un mundo que parecía reservado para unos pocos.
- Asistió a fiestas en Candela, disfrutando de actuaciones de grandes artistas como Camarón y Gerardo Núñez.
- Se integró en el círculo de la Orquesta Nacional de Malasaña, un grupo que compartía su amor por el flamenco.
- Comenzó a forjar amistades que durarían toda la vida, como la de Paco y otros músicos que compartían su pasión.
Con el tiempo, fue invitado a unirse a La Rosa, un bar emblemático en la Plaza del Dos de Mayo, donde las sesiones de música se convirtieron en un ritual semanal. Este espacio se volvió un punto de encuentro para muchos artistas y amantes del flamenco.
El entorno mágico de El Mago
La vida nocturna en El Mago fue fundamental en su desarrollo musical. Durante años, este bar se convirtió en su refugio, donde la música se entrelazaba con la camaradería. Aprendió a despedirse sin ceremonias, un arte que observó en aquellos que simplemente se desvanecían de la escena, una lección de vida que atesoró.
«Cuando llegaba Morente, al verme siempre me decía: ¡No te vayas! ¿Cómo me voy a ir, Enrique?»
Las noches en El Mago eran siempre memorables, con la música de Gamboa y otros artistas que llenaban el ambiente mientras Morente ofrecía sus recitales. Las risas y la diversión eran constantes, creando un entorno que fomentaba la creatividad y el aprendizaje. El autor, con su talento para la rima, comenzó a componer cuplés y pasodobles, convirtiendo las noches en un escenario de entretenimiento único.
La grabación de discos y la evolución musical
El tiempo pasó y la Orquesta Nacional de Malasaña decidió grabar sus primeros discos. El repertorio incluía temas que resonaban con la identidad del grupo, como El blues de Sitting Bull y Fandangos de Isabel. Estas grabaciones no solo capturaron la esencia de su música, sino que también se convirtieron en un testimonio de su pasión por el flamenco.
- El primer disco incluyó piezas que reflejaban la diversidad musical del grupo.
- En el segundo disco, se realizaron números con motivos del centenario del Atleti de Madrid.
- Las Sevillanas Colchoneras fueron un homenaje a la cultura futbolística, fusionando el flamenco con la pasión por el deporte.
Las grabaciones no solo fueron un logro artístico, sino también una forma de consolidar la identidad de la Orquesta y su legado en la escena flamenca de Madrid.
Desplazamientos y cambios en la escena flamenca
Con el cierre de El Mago, la Orquesta Nacional de Malasaña se vio obligada a adaptarse, trasladándose a otros locales como La Vaca Austera y La Ferroviaria. Esta movilidad no detuvo su esencia; al contrario, la enriqueció. La escena flamenca de Madrid comenzaba a crecer y diversificarse, atrayendo a más artistas y aficionados.
La popularidad de la Orquesta creció, atrayendo a talentos jóvenes como Pitingo, quien representaba la nueva ola del flamenco. La atmósfera en estos locales era eléctrica, con cada actuación convirtiéndose en una celebración de la música y la amistad.
La nostalgia de tiempos pasados y el legado de los Magos
Con el paso del tiempo, la cohesión del grupo comenzó a desvanecerse, especialmente tras el fallecimiento de Vicente, una figura central en la formación. Sin embargo, los recuerdos de aquellos miércoles en El Mago quedarán grabados para siempre en la memoria del autor. El ambiente, la música y las risas formaron parte de su vida, y aunque el grupo se dispersó, el espíritu del flamenco continuó vivo en cada uno de ellos.
«Me fui a vivir a Cádiz y empecé a darme cuenta de la animadversión general que existía en Andalucía hacia los flamencos de Madrid»
A pesar de la distancia y del cambio de hogar, el autor nunca pudo entender la aversión hacia el flamenco madrileño. Al final, la música es un idioma universal que trasciende fronteras, uniendo a las personas a través de sus ritmos y melodías.
El legado del flamenco en Madrid
A lo largo de los años, Madrid ha sido un punto de encuentro para el flamenco, un lugar donde las tradiciones andaluzas se han fusionado con influencias urbanas y modernas. La historia de los Magos es solo una parte de un relato más amplio que abarca a muchos artistas y aficionados que han contribuido al desarrollo de esta rica cultura musical.
Hoy, Malasaña sigue siendo un epicentro cultural donde el arte y la música florecen. Las nuevas generaciones continúan explorando el flamenco, manteniendo viva la llama de una tradición que, aunque diversa y en constante evolución, sigue resonando en los corazones de quienes lo aman.

























