Jorge Pardo recuerda a Paco sonriendo en el escenario con nosotros

out 0 104

La música es un lenguaje universal que trasciende fronteras, un vínculo que une a las personas en diversas culturas. En este contexto, la figura de Jorge Pardo emerge como un faro en el mundo del flamenco y el jazz, un músico cuya trayectoria está llena de matices y anécdotas que revelan su pasión inquebrantable por la música. En una conversación inusual, en una lavandería de Sancti Petri, Cádiz, Pardo reflexiona sobre sus inicios, su camino junto a grandes maestros como Paco de Lucía y su visión del arte musical. Su relato no solo es un testimonio de su carrera, sino una invitación a explorar la esencia de la música flamenca y su evolución a través de los años.

Los inicios musicales de Jorge Pardo

Nacido en Madrid en 1956, Jorge Pardo se adentra en el mundo de la música desde una edad temprana, influenciado por un hogar donde la música era parte integral de la vida cotidiana. Desde Beethoven hasta el flamenco, su educación musical fue diversa y enriquecedora. Sin embargo, su conexión con el flamenco comenzó a hacerse fuerte cuando, en sus años de juventud, se sintió atraído por el arte de improvisar y la complejidad de sus ritmos.

Pardo comparte que su primer encuentro con el flamenco fue más bien un coqueteo. El ambiente musical de su hogar lo preparó para lo que vendría, pero no fue hasta que empezó a tocar la flauta que la música flamenca realmente lo atrapó. Este afán de descubrimiento lo llevó a trabajar en el tablao Canasteros, un lugar emblemático donde se encontraba una riqueza de experiencias flamencas que lo marcarían para siempre.

La conexión con Paco de Lucía

La relación de Pardo con Paco de Lucía es un hilo conductor en su vida musical. Recuerda el primer encuentro en los pasillos de la Phillips, donde la chispa de lo que sería una larga colaboración se encendió. Aunque ya era un músico reconocido en ese momento, Pardo percibía en Paco una mezcla de humanidad y genialidad que lo hacía accesible. Esta cercanía fue fundamental para desarrollar una relación artística que desdibujaría las fronteras entre el flamenco y otros géneros musicales.

Paco de Lucía, un ícono del flamenco, era conocido no solo por su virtuosismo, sino también por su deseo de explorar y fusionar estilos. “Paco empezó a sonreír en un escenario tocando con nosotros”, dice Pardo, subrayando cómo la interacción con su sexteto permitió al gran maestro abrazar la improvisación y liberarse de las ataduras del flamenco tradicional. Esta evolución fue crucial para el desarrollo de un nuevo enfoque en la música flamenca, que comenzó a incorporar ritmos y melodías de otros géneros.

El grupo Dolores y la fusión musical

El grupo Dolores, donde Pardo tuvo una significativa participación, representó un punto de inflexión en su carrera. Se caracterizaba por su fusión de estilos, combinando flamenco, jazz y otras influencias. Esta etapa fue un “revolcón de todo”, como lo describe Pardo, que le permitió experimentar con diferentes sonoridades y expandir su paleta musical. Las tensiones y la química entre los miembros del grupo, especialmente entre Pardo y Pedro-Ruy Blas, dieron lugar a un ambiente creativo intenso, en el que las diferencias se convertían en un motor de innovación.

Las vivencias en una especie de comuna musical, donde vivían y trabajaban juntos, reflejan la época de efervescencia cultural en España. La influencia del movimiento hippie y la explosión de libertad post-franquista alimentaron su música. Sin embargo, Pardo también reconoce que la lucha por la supervivencia económica era real, y aunque disfrutaba de cierto éxito, otros miembros del grupo enfrentaban dificultades financieras. Su experiencia en el Balboa Jazz, donde ganó dinero suficiente para vivir, contrastaba con la realidad de sus compañeros, resaltando las diferentes trayectorias dentro de la misma banda.

Innovación y el reto de tocar flamenco con vientos

La fusión de flamenco y jazz no era un camino fácil. Pardo tuvo que inventar su propia manera de interpretar el flamenco con instrumentos de viento, un proceso que llevó años de exploración y experimentación. “Mi invención de una forma de tocar flamenco con mis instrumentos duró 30 años”, comenta Pardo, evidenciando la dedicación y el esfuerzo necesarios para desarrollar un estilo propio. Este viaje fue paralelo a la evolución del sexteto y su relación con Paco, quien también buscaba expandir su arte más allá de las convenciones tradicionales.

El impacto de las colaboraciones

Las colaboraciones de Pardo con músicos de renombre como Chick Corea y John McLaughlin jugaron un papel crucial en su desarrollo como músico. Estas interacciones no solo enriquecieron su entendimiento musical, sino que también facilitaron el intercambio de ideas y estilos. Pardo señala que, a menudo, se atribuía a Paco el descubrimiento de géneros como el jazz, cuando en realidad, el grupo Dolores había sido fundamental en su exposición a estas influencias. Esta dinámica resalta la complejidad de las interacciones en el mundo de la música y el reconocimiento de las contribuciones de cada artista.

La vida de gira y la experiencia del éxito

Las giras del sexteto de Paco de Lucía eran una mezcla de éxito y dificultades. Pardo recuerda cómo, al principio, tocaban para audiencias pequeñas, en teatros que no siempre eran bien conocidos. Sin embargo, a medida que su popularidad crecía, también lo hacía el tamaño de las audiencias. “Hubo épocas difíciles, no se cuentan solo por éxitos”, señala, enfatizando que la trayectoria de un músico está llena de altibajos. La transición de tocar para 200 personas a 2000 fue un momento decisivo en su carrera, impulsada en parte por colaboraciones con artistas internacionales y la aparición en la película “Carmen” de Carlos Saura.

El legado de Paco de Lucía

El legado de Paco de Lucía es innegable. Su virtuosismo y su capacidad para fusionar estilos lo convirtieron en un embajador del flamenco a nivel mundial. “Hacía con ella lo que nadie en el mundo podía hacer”, recuerda Pardo, refiriéndose a la guitarra de Paco. Este impacto va más allá de la técnica; su influencia se siente en la forma en que se percibe el flamenco en el mundo contemporáneo. Sin embargo, Pardo también señala que el cante flamenco ha tenido más dificultades para encontrar un lugar en el escenario internacional, lo que subraya la necesidad de seguir promoviendo esta forma de arte.

Reflexiones sobre la música y la vida

A lo largo de su carrera, Pardo ha aprendido a apreciar la música como una forma de vida. “Cuando Paco te deja, cierras una puerta y abres 700 ventanas”, reflexiona, sugiriendo que el final de una etapa puede dar paso a nuevas oportunidades y experiencias. Este enfoque positivo resuena en su forma de tocar y en su forma de vivir, donde cada actuación es una celebración de la música en su forma más pura.

La relación entre Pardo y Paco de Lucía, llena de respeto y amistad, es un testimonio del poder de la música para unir a las personas. Aunque sus caminos se separaron, la influencia de Paco sigue viva en la obra de Pardo y en su vida diaria, una realidad que él mismo experimenta a través de sueños y recuerdos. Esta conexión continua es un recordatorio de que la música, en su esencia, es un viaje compartido que se transforma continuamente a través de los años y las generaciones.